OPINIÓNTAPA

Vulnerables o vulnerados

Por Maira Faranda*
Imagen: Niño solo, Misión Tacaaglé #7, de la serie “Los hijos de la tierra, Provincia de Formosa”, Daniel Muchiut, MNBA.

Compartimos el trabajo final presentado por Maira Faranda en el Seminario “Cómo defender al Estado” dictado por el Director de la Escuela del Cuerpo de Abogados del Estado, Guido Croxatto. “Si se quieren remover causas estructurales de padecimiento colectivo y personal hay que pensar en las fuentes de vulneración. En los casos en los que se identifiquen causas estructurales que generan daño social, podemos construir pensamiento desde este encadenamiento: Si es vulnerable es porque previamente ha sido vulnerado”.

¿Cuál es el rol de los abogados del estado? ¿Cuál el déficit que existe en la defensa de lo público? Como abogados del Estado, no podemos hacer la vista gorda  en lo hoy concierne a el acceso a la justicia de sectores mal llamados Vulnerables. Desde siempre se utilizan conceptos errados, en varios sectores, en este caso son los pueblos originarios  del Chaco, del norte Crisol Argentino.

Primeramente hare una diferenciación de conceptos  donde veremos lo significativo de comenzar a llamar a cada cosa por su nombre, en que es la vulneración, y la diferencia entre vulnerables y vulnerados. Para seguir  contando la situación que atraviesan  los pueblos indígenas en el Chaco, como ser Qom, mocovíes (moqoi), y recomendación para darles un acceso mínimo a la justicia . Debiendo así crear ABOGADOS MAS HUMANITARIOS, en el terreno, en el llamo, más románticos, más reales.

Desde un concepto la Vulnerabilidad es el riesgo que una persona, sistema u objeto puede sufrir frente a peligros inminentes, sean ellos desastres naturales, desigualdades económicas, políticas, sociales o culturales. La palabra vulnerabilidad deriva del latín vulnerabilis. Está compuesto por vulnus, que significa ‘herida’, y el sufijo –abilis, que indica posibilidad; por lo tanto, etimológicamente, vulnerabilidad indica una mayor probabilidad de ser herido.

Tipos de vulnerabilidad

Todas las cosas, objetos, personas y situaciones sufren de vulnerabilidad frente a algo. Dependiendo de la naturaleza de la debilidad, se definen tipos de vulnerabilidad. De esta manera, se pueden buscar mejoras específicas para cada carencia.

Algunos de los campos más estudiados de vulnerabilidad son:

  • Vulnerabilidad social: indefensión ante amenazas, riesgos, traumas y presiones debido a las condiciones sociales que presenta la persona o grupo.
  • Vulnerabilidad informática: se refiere a los puntos débiles de un sistema computacional donde su seguridad informática no tiene defensas necesarias en caso de un ataque.
  • Vulnerabilidad ambiental: las especies endémicas, por ejemplo, son vulnerables a los cambios en las condiciones naturales de su hábitat, por lo tanto corren el riesgo de extinción.
  • Vulnerabilidad económica: encuadrado dentro de lo social, se asocia a la pobreza y a la incapacidad de generar más recursos económicos por la situación social particular.
  • Vulnerabilidad alimentaria: en caso de desastres naturales, guerra, conflictos bélicos o crisis políticas graves, por ejemplo, puede resultar difícil encontrar agua potable o comida no contaminada.
  • Vulnerabilidad física: indica la vulnerabilidad de la población frente a estructuras no preparadas para los desastres naturales, como un huracán o un terremoto.
  • Vulnerabilidad laboral: la inestabilidad o precariedad laboral de un individuo.

Hasta aquí vemos solo los distintos tipos que existen de vulnerabilidad a la cual adentraremos será a la vulnerabilidad social, que se encuentran nuestros Hermanos originarios.

A inicios del siglo XXI la vulnerabilidad sigue careciendo de una teoría desarrollada y de métodos de medición e indicadores aceptados (Bell y Morce, 2000). Todavía resulta complejo comprender y determinar los factores que explican las razones por las que algunas personas, comunidades y grupos tienen mayor capacidad que otros para enfrentar situaciones de desventaja social.

Aún hoy la vulnerabilidad suele ser un término común y erróneo para referirse a la pobreza, marginación, exclusión. Este hecho favorece que se hayan descuidado las investigaciones y los programas para enfrentar y reducir la vulnerabilidad, contribuyendo al mantenimiento de estereotipos y dudas para identificar a personas, comunidades y grupos desfavorecidos potencialmente vulnerables (Fabre et al., 2009). En décadas recientes en América Latina las políticas para enfrentar la vulnerabilidad social no han evitado que millones de personas se hayan vuelto más vulnerables, ante la exposición a “viejos y nuevos” riesgos naturales y sociales. Asimismo, las ayudas económicas destinadas a paliar las continencias crecen a menor ritmo de lo deseado, planteando enormes dudas para enfrentar las necesidades de crisis actuales, como Haití (Chambers, 2006). Así, es necesario investigar la dinámica de las desventajas sociales y ambientales a partir de la compresión de las desigualdades frente a riesgos tanto sociales como ambientales y sus efectos a distintas escalas espaciales, desde una local y micro a otra global y macro.

Desde la década de 1980 se viene desarrollando un enfoque social de la vulnerabilidad que destaca la importancia de las estructuras y procesos socio espaciales dinámicos, determinantes de la vulnerabilidad de las personas y grupos desfavorecidos, enfatizando la comprensión de las condiciones de vida cotidiana de los individuos y comunidades para generar estrategias enfocadas a enfrentar y reducir la vulnerabilidad.

Durante mucho tiempo los investigadores sociales se han interesado por el desigual reparto y acceso a los recursos y las oportunidades (Zaman, 1999), y sus consecuencias en la pobreza, las desigualdades y las desventajas sociales, consolidándose líneas o enfoques de investigación al respecto. Estos enfoques han sido ampliamente desarrollados de forma teórica y empírica en América Latina, siendo en muchos casos parte del diseño de políticas públicas (Busso, 2001); es precisamente en la región latinoamericana donde se reivindica el enfoque de vulnerabilidad social como una forma de superar las líneas indicadas previamente y poder dar respuesta a todos los cambios experimentados en los años noventa por los efectos sociales de la “década perdida”, de los ajustes estructurales y de la globalización, los cuales se traducen para muchas personas, grupos y comunidades en inseguridad e incertidumbre en el futuro (1).

La posibilidad y expectativas que en este contexto abre el enfoque de la vulnerabilidad social en la región latinoamericana es tal que, entre finales del siglo XX y primeros años del XXI, se avanza y perfi la el marco teórico del enfoque de la vulnerabilidad social (Moser, 1998; Kaztman, 1999 y 2000; Rodríguez, 2000b), siendo lo más novedoso que la vulnerabilidad se entiende como un proceso al cual puede concurrir cualquier persona, grupo o comunidad que en un momento determinado se encuentre en una situación desfavorecida o de desventaja con respecto a otras personas, grupos o comunidades; y que tiene en cuenta los recursos que se poseen para enfrentar los riesgos y sus consecuencias (Cepal, 2001 y 2002); sin olvidar además que la naturaleza de los riesgos (ambientales y sociales), la exposición y consecuencias varía según ámbitos espaciales (Birkmann, 2006) y valores culturales.

Los elementos y componentes principales del enfoque de la vulnerabilidad social

La vulnerabilidad social se puede entender como un proceso encarado por una persona, grupo o comunidad en desventaja social y ambiental en el que cabe identificar los siguientes elementos: 1) existencia de riesgos externos a la persona, grupo o comunidad; 2) proximidad a los mismos; 3) posibilidad de evitarlos; 4) capacidad y mecanismos para superar los efectos de esos riesgos; 5) situación final resultante, una vez enfrentadas las consecuencias de la actuación de dichos riesgos (Chambers, 1989; Bohle, 1993; Pérez de Armiño, 1999).

En este sentido, se hace imprescindible incorporar el concepto de resiliencia (2) y comprobar las características de la “situación final”: si es una vuelta a la situación inicial, tal cual; si se han producido cambios importantes; si la nueva situación supone nuevas vulnerabilidades o nuevas oportunidades;… incorporando la variable temporal en el sentido de conocer el tiempo que conlleva todo el proceso (De Vries, 2007). Esta enumeración de elementos permite identificar y analizar otras tantas fases en el proceso investigativo y plantear escenarios posibles desde una fase a la siguiente.

Una forma más resumida de visualizar estos elementos está en la “ecuación de vulnerabilidad” (Cepal, 2002), tomando como referencia los resultados de Moser (1998). Aquí, la vulnerabilidad sería el resultado de sumar los riesgos; los mecanismos y recursos para enfrentarlos; y la capacidad para adaptarse a ellos de forma activa; lo cual, implicaría importantes reestructuraciones internas (Moser, 1998):

Vulnerabilidad = exposición a riesgos + incapacidad para enfrentarlos + inhabilidad para adaptarse activamente (Cepal, 2002: 3).

Para este esquema cabe la sugerencia de suprimir aquellos sufi jos que sugieren negatividad: (in)capacidad, (in)habilidad, ya que lo que se estudia es la capacidad de las personas, grupos y comunidades en un sentido propositivo (Fabre et al., 2009). Aquí, la capacidad de respuesta depende de los activos con los que cuentan las personas, grupos y comunidades, bien porque son recursos propios —materiales o inmateriales—, o porque tienen acceso a ellos a través de apoyo o ayuda familiar y/o estatal; y la habilidad hace referencia a la actitud ante los efectos nocivos de un riesgo, bien adaptándose con resignación o encarando las adversidades; es decir, actuar sobreponiéndose a las dificultades antes que hundirse en las necesidades (González y Bedmar, 2011). A diferencia de otros conceptos, como pobreza y exclusión social, que describen estados negativos, la vulnerabilidad social expresa potencialidad; es decir, capacidad de afrontar y/o evitar amenazas no deseadas (Schröder y Marianti, 2006); y esta circunstancia tiene importantes implicaciones en la investigación y en las estrategias y políticas de afrontamiento de las desigualdades sociales y ambientales por parte de personas, grupos y comunidades

Durante los últimos años se ha extendido el uso de dos expresiones: “vulnerabilidad” y “vulnerable”. Se pueden leer y escuchar en discursos políticos, jurídicos, sociales… en los medios de comunicación… Incluso en las conversaciones más triviales se puede oír: ‘son persones vulnerables’, ‘estaba en situación de vulnerabilidad’… Se puede decir que son palabras y expresiones con éxito. Este éxito tiene poca memoria, como he podido comprobar estos últimos días.

A primera vista, el uso de estas palabras es inobjetable: muestra preocupación por las situaciones de padecimiento de las personas y propone vías de actuación frente a ellas. Sin embargo, y por decirlo pronto, que identifiquemos con mayor frecuencia ‘personas vulnerables’ o ‘personas en situación de vulnerabilidad’ no quiere decir, y aquí está parte del problema, que estemos cambiando las estructuras políticas, jurídicas, económicas y sociales que hacen vulnerables a las personas. Cuando escuchamos que una persona es vulnerable, ¿qué nos viene al pensamiento? ¿Qué a esa persona le pasa algo o le puede pasar algo poco agradable para ella? ¿O que ha sido vulnerada (dañada)?

No es lo mismo decir: me han vulnerado mis derechos, mi dignidad… que decir, soy vulnerable. Es muy diferente referirse a las personas o a los colectivos diciendo y pensando que han sido vulnerados o decir que son vulnerables. Lo primero me avisa de una acción que daña (maltratar, carecer de dinero, violar, expulsar…), lo segundo me habla de una cualidad de las personas… como si las personas (la mujer maltratada, el inmigrante en situación administrativa irregular, la persona con diversidad funcional, el parado….) tuvieran algo consustancial a ellos mismos que les hace vulnerables. ¿Son vulnerables o son vulnerados mediante estructuras y decisiones que les vulnerabilizan?

La palabra ‘vulnerable’, así como sus derivados, proviene del latín vulnus: herida. Vulnerar significa herir, causar un daño. De aquí que digamos: los derechos de fulanito han sido vulnerados. Los usos actuales de ‘vulnerable/s’ han introducido una novedad: ya no se presta tanta atención a la acción de causar un daño (vulnerar) como a llamar ‘vulnerable’ a la persona o colectivo que son considerados susceptibles de recibir un daño. Se ha creado de esta forma una nueva identidad: la del vulnerable. El centro de interés ya no está en el actor (personal o estructural que genera padecimiento) sino en el receptor (quien sufre las consecuencias).

Y esta idea de ‘vulnerable’, que incluye una previsión (persona que puede sufrir un daño), podría hacer pensar que va acompañada de políticas de prevención que buscan reducir y eliminar en la medida de lo posible las fuentes de las que manan los daños que vulneran a las personas. Pero no es así.

Si centráramos la atención en las vulneraciones, tendríamos que buscar responsables (personales o estructurales). Pero los modelos político-económicos dominantes tienden a irresponsabilizar a los centros de poder y a los modelos económicos, políticos y jurídicos. Difícilmente se iba a aceptar hablar de fuentes de padecimiento cuando lo que se nos impone es un pensamiento que transfiere la responsabilidad a la persona. No es casualidad que la expansión de poderes irresponsables combine bien con un discurso, bien intencionado a primera vista, en el que son las personas quienes son vulnerables, cuando en realidad es que en buena parte no es que sean vulnerables sino que son vulneradas y por ello debilitadas, sometidas, explotadas, agredidas…

Si se quieren remover causas estructurales de padecimiento colectivo y personal hay que pensar en las fuentes de vulneración. En los casos en los que se identifiquen causas estructurales que generan daño social, podemos construir pensamiento desde este encadenamiento: Si es vulnerable es porque previamente ha sido vulnerado.

Podemos entender que desde los pueblos Originarios de Chaco hoy y siempre han SIDO VULNERADOS  SUS DERECHOS, desde la idea de socialización donde un grupo de hombres y mujeres quiere cambiar sus costumbres, sus normas su suelo, sus formas de vestir, alimentar, sus viviendas, y hasta su lengua .obligándolos a vivir una vida que no es la de ellos, con normas distintas. Es por ellos que debes como Abogados del Estado empezar a estudiar su  cultura y sus formas adaptarnos poder lograr un dialogo empático, y poder brindarles las comodidades aprendiendo sus idiomas para una mejor comunicación  e inclusión, si bien hay algunas comisarías con algún agente  traductor para la toma de denuncias es 1 en 1000. Hoy no existe acceso a la Justicia para la comunidad indígena del Chaco, por ende todas estas falencias del Estado nos hace a cada ABOGADO/A de Chaco responsables por creer que por tener una cultura distinta, ellos se colocan  como seres Vulnerables, que equivocación tan grande ya que Estado con su ausencia, con la ignorancia y el no respeto a la diversidad cultural los vulnera día a día, donde el acceso a la salud, educación y justicia es trunco.

Es por ello que es necesario aprender nuestra lengua de origen, ellos son la base de nuestros pueblos, los profesionales de todas las áreas deberían hablarla, existir centros de contención a víctimas de abusos y  violencia con personal culturizado, juzgados con atención prioritaria en lenguas originarias, donde aquel que se ve vulnerado en sus derechos pueda ser escuchado y  un proceso justo. Empezara caminar ese Norte con Abogadas/os de Trinchera con más amor y empatía, donde confíen en nosotros que somos parte de una Gran estructura que es la defensa del Estado, ellos son los fundadores de nuestras tierras, nuestras bases, son el Estado. Los errores del Estado no pueden repercutir en el pueblo, dejemos los egos de lado, seamos como ese San Martin de carne y hueso, no nos quedemos detrás de un escritorio, salgamos a cambiar las realidades ,a corregir  a todo a aquel crea que son sectores vulnerables ,hablemos con propiedad cambiando VULNERABLE POR VULNERADO.

1 – http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-74252011000300006#notas

2 – http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-74252011000300006#notas

* Abogada , asesora legal IPRODICH, Instituto Provincial para la Inclusión de las Personas con Discapacidad del Chaco.

Las opiniones expresadas en esta nota son responsabilidad exclusiva de la autora y no representan necesariamente la posición de Broquel.

Comentarios(1)

  1. excelente, cada uno tiene que hacer algo, por aquellos que sufren… mas si somos conocedores del Derecho…

Responder a Enrique Cancelar respuesta