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“Cuando en la Defensoría hablamos de libertad de expresión es de todos y todas”

Revista Broquel dialogó con la periodista y actual Defensora Pública Miriam Lewin, respecto a los retos que presenta el escenario actual para seguir defendiendo los derechos de las audiencias y abonando a construir una comunicación democrática en nuestro país.

Por Paula Hansen

Revista Broquel: Desde la creación de la Defensoría del Público a la actualidad, el escenario de las comunicaciones ha experimentado grandes transformaciones a un ritmo precipitado. ¿Cuál es la situación actual del campo, y qué desafíos plantea a la Defensoría para continuar trabajando en su misión de defender los derechos de las audiencias?

Miriam Lewin: La Defensoría fue creada por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual 26.522 en el 2009, pero empezó a funcionar en noviembre de 2012. Ya en esa fecha recuerdo haber participado de un Congreso de periodismo, y había una profesora de los Estados Unidos que enseñaba cómo cubrir hechos periodísticos en tiempo real en Twitter. Yo no sólo no tenía una cuenta de Twitter, no sabía ni que existía. Desde entonces, el ecosistema de medios se transformó radicalmente. Acabo de recibir una información de que la inversión publicitaria digital superó a la inversión publicitaria en radio y televisión. Y esto ya era una tendencia que se venía dando y que además afecta el financiamiento de la Defensoría, porque ésta se financia con asignaciones específicas, que provienen de los impuestos que pagan los propietarios de las licencias de radio y televisión, no de lo digital.

En los albores de Internet había una esperanza acerca del potencial democratizador de Internet. Es decir, un médico en las profundidades de la India podría, para hacer un diagnóstico, recurrir a una consulta con los archivos de la clínica Mayo en Estados Unidos. Pero Internet demostró tener un costado oscuro. Si bien se sigue utilizando con un fin democratizador, convocando a protestas, filmando abusos y violencia institucional, como en el caso de George Floyd, etc, es real que se han desarrollado determinadas acciones en Internet que tienen que ver con la violencia digital, con la violencia política contra las mujeres, la circulación y viralización de discursos de odio y de noticias falsas, y esto es perjudicial, es tóxico para la democracia.

Por otro lado, es real que las audiencias se transformaron de audiencias potencialmente críticas en audiencias generadoras de contenidos. Esto también tiene una pata positiva, que es la del periodismo ciudadano, y otra pata negativa que es la de que personas, a veces anónimas, incluso con perfiles falsos, pueden generar piezas potencialmente dañinas para grupos minoritarios históricamente vulnerados en sus derechos, o para la misma democracia. Sobre todo en procesos electorales. Lo que está ocurriendo es, desde el punto de vista positivo, que hay muchas iniciativas de medios, que tienen que ver con el streaming. Requiere muy poca inversión y se pueden fusionar canales audiovisuales y de radio, democratizando más profundamente el escenario de la comunicación, porque no se requiere comprar o presentarse para una licencia o comprar equipamiento muy costoso, sino que simplemente con un teléfono se puede generar en Youtube un canal con el poder de viralizarse o de tener más visitas que cualquier programa de prime time en televisión.

El escenario es complejo y contradictorio. Lo que sí es real es que es necesaria, de alguna forma, cierta regulación. Esto está en debate en el mundo. Hay países que optaron por una vía más punitiva y de mayor control. Yo estuve en febrero pasado en París, en un encuentro promovido por la UNESCO para diseñar las directrices para la regulación de lo digital, Internet for Trust. “Internet para la confianza”, o “Por un Internet de confianza”. Había posiciones muy contrapuestas. Hay quienes piensan que cualquier regulación o intervención del sector público en Internet implica una afectación de la libertad de expresión, y hay quienes dicen, como nosotros decimos en la Defensoría, que la libertad tiene que ser para todos y todas, y que en el ágora, en la plaza pública, cuando hay un grupo históricamente vulnerado que es atacado o destinatario de mensajes violentos, ese sector tiende a retraerse y a retirarse de esta plaza pública que facilitaría la Internet.

RB: ¿Esto supondría la necesidad avanzar en adecuaciones del marco regulatorio actual?

ML: Nosotros pensamos que la Defensoría debería tener competencia en lo digital porque, en lo real, un 15% o 20% de los reclamos que entran a la Defensoría, que no tiene potestad sancionatoria, se refieren a lo digital. Y muchos contenidos televisivos o radiales son consumidos en soportes digitales, entonces si nos atenemos a la letra de la ley no podríamos intervenir. Es decir, si una persona dice que vio un programa de televisión de aire pero subido a Youtube, teóricamente no podríamos intervenir. Entonces, ¿de qué manera se posiciona la Defensoría? ¿De qué manera puede dar respuesta a los reclamos del público, de las audiencias, si no tiene competencia?. Más allá de que los decretos de la época del macrismo ya recortaron algunas de las competencias de la Defensoría, porque los canales de cable son considerados bajo el mismo marco regulatorio de la telefonía, lo cual es un disparate, los canales de cable acarrean contenido, no es una comunicación telefónica.

Nosotros empezamos una serie de debates, y la observación respecto a la manera en que se está regulando esto en el resto del mundo. Lo real es que la Defensoría es un organismo que tiene la experiencia adecuada como para responder. Además, no tenemos potestad sancionatoria y estamos embarcados en una iniciativa, con el Ministerio de Educación de la Nación y el acompañamiento de UNESCO, para difundir herramientas en los cuerpos docentes de distintos niveles que tienen que ver con la alfabetización mediática e informacional. Es decir, dotar a la ciudadanía a lo largo de toda la trayectoria educativa de las herramientas que le permitan lograr lo que podríamos llamar el bienestar digital. De qué manera yo logro que no me engañen con noticias falsas, no compartir discursos de odio, no contribuir a que algunos sectores históricamente vulnerados sean aún más vulnerados desde lo digital. De qué manera produzco yo misma contenidos que no sean vulneratorios.

Por eso, en la página de la Defensoría nosotros publicamos todas nuestras recomendaciones para el tratamiento responsable de las distintas temáticas: trata, consumos problemáticos, salud mental, niñez y adolescencia, violencia de género, pueblos originarios, etc. Lo que nosotros pensamos es que estas recomendaciones no tienen que estar solo dirigidas a las redacciones o a las casas productoras de contenidos audiovisuales, sino que tienen que estar al alcance de las personas que producen contenidos desde sus perspectivas

RB: Los entornos digitales configuran nuevas problemáticas, como la minería de datos o la propagación de fake news, que afectan a las audiencias. ¿De qué manera consideran que es posible trabajar lo concerniente a la promoción y defensa de los derechos de las audiencias en estos entornos?

ML: Justamente, con algunos de los contenidos de la alfabetización mediática e informacional, hemos capacitado ya alrededor de 8 mil docentes, y las nuevas cohortes tienen muchísima demanda. Además, es un curso con puntaje del Ministerio, lo cual estimula que las y los docentes que son agentes multiplicadores en las aulas, desarrollen estos cursos. Tiene que ver con tomar conciencia de que el modelo de negocios de estas aplicaciones o de estas X, Meta, etc etc, tienen que ver con recoger la mayor cantidad de datos para comercializarlos en el menor tiempo posible. El hecho de leer las condiciones, de no aceptar, no clickear irreflexivamente, es muy importante.

Natalie Fenton, una académica británica a la que entrevisté hace poco, cuando yo le pregunté: “cuando se denuncia algún contenido inconveniente como discurso de odio, por ejemplo, o mensaje violento, en las redes sociales, ¿por qué demoran en bajar el contenido aunque sea evidente que constituye un discurso de odio?” Me dijo, “porque el discurso de odio se viraliza con mucha facilidad, recorre más cuentas, y así ellos recogen más datos”. Entonces, en lugar de responder inmediatamente, dejan el contenido vigente durante más tiempo porque en ese tiempo ellos recogen más datos y por lo tanto se capitalizan más. Son esas cosas de las cuales a veces uno no toma conciencia.

Creo que la alfabetización mediática e informacional es una herramienta. Tiene un nombre horrible, largo y complejo, pero es una herramienta. Otra herramienta podría ser lo que se consideró más potable, que es, no la autorregulación que tienen las plataformas ahora ni tampoco la regulación, porque hay algunos regímenes autoritarios en los cuales esto se tornaría problemático, sino la corregulación con participación de organizaciones de la sociedad civil, de universidades, etc. Es decir, el sector público con organizaciones de la sociedad civil y académicas, que puedan establecer un escenario donde los derechos de las audiencias no sean vulnerados. Porque estas plataformas o empresas, están radicadas en otros países, si vos tenés una demanda contra Twitter en Argentina, no tenés donde notificarla. Una demanda judicial contra Twitter. Vos no tenés donde notificar a la empresa, porque no tiene dirección en la Argentina, está domiciliada en el exterior. Y es ridículo pensar que una persona que vive en Ensenada le va a hacer una demanda en la justicia irlandesa a Twitter.

RB: Cuando estas cuestiones se ponen en agenda, la libertad expresión y la no discriminación suelen plantearse en términos de oposición. ¿Es real tal dicotomía?

ML:  Cuando nosotros en la Defensoría hablamos de libertad de expresión, hablamos de libertad de expresión de todos y todas. Y lo real es que cuando un grupo históricamente vulnerado es atacado en redes sociales o por algún medio de comunicación, tiende a silenciarse. Le pasa a las mujeres por ejemplo, le pasa a las mujeres periodistas, que tenemos una posición tomada respecto a algunas cuestiones, que, cuando somos atacadas, y estos ataques están organizados, decidimos dejar de abordar algunas temáticas. Entonces la libertad de expresión pierde, y el derecho a la comunicación también. Si vos pensás que en general los sectores atacantes a esos grupos vulnerados o vulnerables, son sectores poderosos, poderosos en las redes, por cantidad de seguidores etc, se está afectando la libertad de expresión de un sector. 

No por defender la libertad de emitir mensajes criminalizantes o estigmatizantes, o que humillan a un determinado grupo, vamos a desconocer que se está afectando la dignidad y se está expulsando del debate al grupo más débil. Entonces, tiene que haber un equilibrio en la libertad de expresión. Tiene que ser para todos y todas, no para el que grita más fuerte.

RB: En este contexto de año electoral, la discusión política ha estado particularmente permeada por discursos que, amparados en la libertad de expresión, reproducen mensajes agresivos y/o estigmatizantes. ¿Es posible pensar en estrategias que promuevan otras condiciones, libres de estás dinámicas, para el desarrollo del debate público?

ML: Yo creo que en algunos mensajes de algunos candidatos y candidatas hay violencia. Es indudable  que una violencia explícita  podría configurar discurso de odio, de acuerdo al Test de seis puntos de Rabat. Porque si nosotros nos ponemos a pensar en las condiciones que establece este plan de Naciones Unidas, de chequeo, justamente para no afectar la libertad de expresión, ¿qué se considera discurso de odio? Incitación a la violencia.

El contexto concreto, tuvimos un intento de magnicidio acá en la Argentina. La repercusión que tiene, el alcance del discurso, está por todos lados. Los spots de campaña, las entrevistas, se viralizan con mucha velocidad, y justamente con mayor velocidad cuando hay alguna pieza de ese envío que es cuestionable, que irrita, que provoca. Y la relevancia del emisor. No es lo mismo si el que convoca a terminar con una fuerza política, a enterrarla, a ponerle la tapa del ataúd a esa fuerza, es el señor de la esquina, que un candidato a presidente que tiene un tercio de la intención de voto.

Entonces, creo que esto configura discurso de odio y es preocupante. La incitación a la violencia está contemplada en el Código Penal.

RB: En algunas ocasiones, se ha llegado a poner incluso en cuestión la propia existencia de la Defensoría del Público, así como de las políticas que abordan la cuestión comunicacional desde una perspectiva de derechos. ¿Cómo contribuye el abordaje desde el Estado de las brechas de conectividad y acceso a la información, al objetivo de cerrar las brechas de desigualdad existentes en nuestro país?

ML: En las audiencias públicas que hacemos en todas las regiones del país siempre recibimos reclamos porque hay áreas, como por ejemplo el norte de la provincia de Santa Fe, claramente muy desaventajadas en cuanto a conectividad. Hoy en día, tal como dice el Decreto 690, que no se ejecuta porque está bloqueado judicialmente, se considera un servicio público esencial tanto internet como la telefonía celular, como la televisión por cable, etc. Esto se puso en evidencia durante la pandemia. Durante el aislamiento la gente trabajaba, hacía consultas médicas, se educaba, a través de internet. Entonces el acceso a internet, la conectividad es indudable que tiene que ser un derecho. Hoy en día, tener internet es casi tan indispensable como tener agua o electricidad. El cuestionamiento de quienes ven sólo la naturaleza mercantil de este servicio es totalmente cuestionable. Ya nadie puede decir que internet debe ser un privilegio o una mercancía accesible para pocos. Si no hubiera habido internet, centenas de miles de chicos y chicas no podrían haber seguido educándose. Bueno, hasta la bancarización, el acceso a los certificados de vacunación, todo precisa de telefonía celular y de internet. Entonces parece un poco retrógrada esa concepción mercantilista de este tipo de servicios, el que los tenga solo el que los pueda pagarlos. Hay sectores muy postergados, donde viven habitantes del suelo argentino menos pudientes, donde el servicio es mucho más caro que en plena Ciudad de Buenos Aires, que en Recoleta.

RB: ¿Cuál es su balance de este mandato a cargo de la Defensoría?

ML: Nosotros asumimos en pleno aislamiento preventivo y obligatorio después de cuatro años de acefalía y de intervención. Fue todo un desafío poner al organismo en movimiento. Hemos logrado obtener picos de reclamos y darle un alto grado de visibilidad al organismo. Picos de reclamos en temáticas como la de pueblos originarios, que no era una temática que fuera objeto de muchos reclamos. Creció la conciencia de la población en cuanto a de qué manera había que proteger a los grupos vulnerados. Hasta la redacción de decenas de recomendaciones para distintas temáticas nuevas, como por ejemplo trata o ambiente, Malvinas, Lesa Humanidad y Memoria Verdad y Justicia que no teníamos. La reactivación de la línea de trabajo en cárceles, en unidades penales, la comunicación desde adentro, talleres radiales, la producción de podcasts en instituciones cerradas. La enorme cantidad de capacitaciones que hemos dado en todas las temáticas, niñez y adolescencia, suicidios, consumos problemáticos La reactivación del trailer, del estudio en Tecnópolis y en la costa, en Santa Teresita, con miles de personas haciendo radio y televisión y conociendo sus derechos. La verdad que creo que el saldo ha sido muy positivo y todavía nos quedan algunos meses de gestión.

RB: Y hacia adelante, ¿en términos de perspectivas?

ML: Como bien dijiste hay algunos sectores a los que les molesta la existencia de la Defensoría, como les molesta cualquier iniciativa que tenga que ver con la ampliación de derechos. Tienen una visión de la política en la que los derechos se restringen y no se amplían. Nosotros, todo lo contrario. Creemos que chicos y chicas, personas mayores, personas trans, personas con discapacidad, de los pueblos originarios, afrodescendientes, migrantes, tienen que estar en los medios de comunicación. No solamente en los contenidos de los medios, sino que tienen que haber más comunicadoras y comunicadores de esos sectores: trans, con discapacidad. Tiene que ser visible.

Hemos trabajado en el tema de la accesibilidad del debate presidencial, con el observatorio de accesibilidad que también reactivamos. Tenemos un observatorio de información sobre la actividad sindical y lucha de los trabajadores, que también son estigmatizados, sacamos las recomendaciones para el tratamiento adecuado y desde una perspectiva de derechos de los pueblos originarios. La verdad es que, yo creo que el trabajo de la Defensoría se está notando, yo te puedo dar números. Si afectan los derechos de las personas trans, hay 1500 reclamos en un sólo día. Afectan los derechos de los pueblos originarios, 1700 reclamos en 48 horas. Nunca esto había pasado. Que nos reciba la Cámara Nacional     Electoral, que escuche nuestras sugerencias para que las personas con discapacidad, que son aproximadamente un 15% de la población, tengan acceso a información relevante para poder decidir su voto. Hay un montón de trabajo que estamos haciendo que me parece positivo.

Ahora estamos a punto de sacar el libro con el producto de las jornadas sobre discursos de odio.  Hicimos dos trabajos de discurso de odio, uno con la Legislatura de la Ciudad y otro en todo el país con el Centro Ana Frank. Nos aliamos con la Universidad de San Martín, el Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismo. Continuamos con los monitoreos de los noticieros de aire para ver qué es noticia para ellos. Vemos que hay sectores, como personas adultas mayores y niños, niñas y adolescentes que están siempre en la sección de policiales. Donde aparecen como víctimas, o en el caso de los chicos también como victimarios, donde no se respeta el derecho a la intimidad, la presunción de inocencia. Ahora estamos haciendo una encuesta acerca de cómo los públicos perciben la cobertura de noticias policiales. Si la ven adecuada, morbosa, amarillista, si la información que reciben es relevante o no. También sacamos un curso autoadministrado con el PAMI para personas adultas mayores que es muy interesante porque se trata de cómo enfrentar la desinformación, con el respaldo de UNESCO.  Vamos a inaugurar un centro de producción multimedial en Aluminé, un centro intercultural donde participan comunidades indígenas y chicos de la población de la zona. Les estamos brindando todo el apoyo que necesitan en cuanto a capacitaciones.

Seguimos haciendo las audiencias públicas. Este año ya hicimos cinco, nos falta solamente la de la región Patagonia. Elaboramos informes con respecto a estas audiencias, en el sentido de que sirva la información que nos traen para modificar, mejorar y diseñar políticas públicas.

RB: Algunos estudios, como los publicados por el Instituto Reuters, vienen señalando una creciente desconfianza por parte de las audiencias locales respecto a las noticias en general. ¿Qué mirada tienen desde la Defensoría respecto a este tema, a partir de las audiencias y otros procesos de participación ciudadana que llevan adelante?

ML: Hay un sector de las audiencias que es un sector crítico, activo, que conoce sus derechos, que concibe a la comunicación como un derecho y que es el sector de las audiencias que motoriza mayormente los reclamos ante la Defensoría, aunque no únicamente. Hay gente que reclama por el no respeto del horario de protección al menor, y dice que vio a dos chicas o a dos varones dándose un beso, entonces hay que hacer un poco de docencia y explicar, existe el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, el DNI no binario. Pero sí percibimos que hay cada vez más tendencia en las audiencias de los medios de comunicación a ser críticas y a dejar de consumir algunos contenidos que ven como inconvenientes en los medios de comunicación, y cuando los consumen, si se registran esas inconveniencias, reclaman ante la defensoría. Pero, está visto por la última encuesta de consumos culturales del Ministerio de Cultura, que gran parte de la población todavía se entretiene y se informa a través de la radio y de la televisión, contra lo que uno pensaría. El modelo, si bien ha migrado a lo digital, en el ecosistema de medios todavía hay mucha gente que confía en la radio y la TV para informarse.

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