OPINIÓN

Por una gramática del derecho

chicos y chicas en clase
Por: Gabriel Brener

“Millones de chicos y chicas pueblan la escuela secundaria del derecho, por primera vez en la historia de sus familias y eso es el más notorio contraste con la foto de una secundaria selectiva y para pocos que ha sido dominante en nuestra historia y sigue estando presente, no en las normas y discursos oficiales, pero si en diversos sectores de la sociedad, aunque también en sala de profesores y cierta subjetividad pedagógica”.

Del cuaderno de clase a la Netboock

La ley 1420, de 1884, fue una herramienta clave para universalizar la escolaridad primaria a lo ancho y a lo largo de toda nuestra patria. Dicho proceso logro culminarse promediando dos tercios del siglo pasado. La escuela secundaria es obligatoria desde la Ley 26206, en 2006 y tal como la 1420 instituye que se garantice el derecho a dicho nivel, avanzando en un acto de justicia y reparación histórica con millones de familias excluidas en el acceso al conocimiento y posibilidades de crecimiento económico social y cultural.  La cultura material de la escuela nos ofrece indicios que nos permiten comprender mejor el funcionamiento institucional, también sobre los sujetos, los procesos de enseñanza y aprendizaje y las transformaciones relativas a ello. En el caso de la primaria, resulta muy evidente el cuaderno de clase como un objeto muy destacado de la cultura material de dicho nivel. En familias muy desiguales en el acceso a diversos bienes el cuaderno de clases circula y representa un símbolo muy incorporado dentro de cada hogar. Y ello, se constituye en un muy fuerte indicio de la cultura del nivel primario al interior de cada familia. Resulta interesante interrogarnos en torno a la cultura material de la escuela secundaria. ¿Podríamos imaginarnos que la computadora personal, que es una política de inclusión digital sin precedentes y de enorme magnitud podría transformarse en un objeto material que permita construir una nueva cultura del nivel secundario? Esta pregunta ofrece un desafío para reflexionar entre directivos de las secundarias y problematizar la propia cultura del nivel secundario, tanto en su materialidad como en las subjetividades que circulan en torno a ella, entre colegas, en las familias y en lxs propixs estudiantes.

La irrupción de lo inesperado

Aunque existen leyes y otras iniciativas gubernamentales que sostienen como desafío político y educativo la secundaria en clave de derecho, también sabemos que la escuela, y la secundaria en particular tiene mucha resistencia para avanzar en dichas transformaciones.  Por un lado, su propio diseño histórico selectivo y excluyente resulta un fuerte condicionamiento. También es muy cierto aquello que Terigi ha planteado como “trípode de hierro” (1) en torno a la organización curricular y laboral de la docencia en este nivel, como límites para generar cambios en la organización de la enseñanza, en la propuesta de los aprendizajes, en la convivencia institucional.

La irrupción de lo inesperado nos revela una oportunidad para revisar, mezclar y dar de vuelta en muchísimos aspectos de la organización y conducción de la secundaria. En primer lugar, y aludiendo a este aporte conceptual de Carballeda, la irrupción de un sujeto inesperado (2) revela quizás la transformación más importante de este mundo dentro del universo escolar. Millones de chicos y chicas pueblan la escuela secundaria del derecho, por primera vez en la historia de sus familias y eso es el más notorio contraste con la foto de una secundaria selectiva y para pocos que ha sido dominante en nuestra historia y sigue estando presente, no en las normas y discursos oficiales, pero si en diversos sectores de la sociedad, aunque también en sala de profesores y cierta subjetividad pedagógica.

La cultura escolar del nivel ha sido y aun debemos estar atentos, muy impermeable a otras culturas, como las juveniles, las populares, las cybertecnológicas. Y a propósito de estas últimas, la propia pandemia, en tanto otra gran irrupción de lo inesperado, nos ha puesto sobre la superficie el valor e importancia de la tecnología digital para uso escolar. El celular y las PC fueron una herramienta indispensable para sostener un vínculo en tiempos de COVID y aislamiento. Lo que revela no solo la desigualdad en nuestra sociedad sino su centralidad. Aunque también hay que decir que dichos artefactos, previos a la pandemia, fueron y siguen siendo otra irrupción de lo inesperado. El celular en la escuela ha generado gran controversia para pensar en la enseñanza, en los aprendizajes, en la atención en clase y tantas otras cuestiones. También sabemos que en estos tiempos es parte del aire que necesita respirarse y para muchas personas una extensión del pulgar, una verdadera prótesis identitaria. 

La irrupción de nuevos sujetos, de nuevas tecnologías, como de la pandemia nos interpela como escuela, en la relación entre generaciones, en nuestra posición de adultos escolares, en los modos de construir autoridad, enseñanza, aprendizajes y convivencias. Y sobre estos asuntos tenemos que tomar posición entre directivos

Por una gramática del derecho

Existe lo que conocemos como gramática escolar (3), modos muy enquistados de funcionar, concepciones y prácticas de enseñar, de evaluar, aparentemente inquebrantables o muy difíciles de interpelar.  También es muy cierto que hay una relación cambiante con el mundo del trabajo, del conocimiento, que requieren ser puestas bajo escrutinio. Al mismo tiempo que deben mejorarse en forma constante y creciente las condiciones materiales por parte del Estado, también existen multiplicidad de experiencias escolares que nos demuestran que es factible generar modificaciones en los modos de organizar tiempos y espacios asi como responsabilidades en torno a las propuestas de enseñanza y aprendizaje. La conducción escolar es un ámbito estratégico (4) para pensar y activar diversas transformaciones que requiere una escuela secundaria en clave de derecho.

La revisión de la organización del trabajo de la enseñanza es un desafío fundamental para construir propuestas que permitan enriquecer significativamente las trayectorias escolares dotando de más y mejor sentido a la experiencia de enseñar y aprender en la secundaria. Promoviendo más una relación de significatividad y apropiación critica del saber para interrumpir aquella lógica del copy paste que, aunque bajo apariencia tecnológica y renovada, reproduce la versión memorística y vaciada de sentido de aquel enciclopedismo de nuestra historia escolar.

La revisión de la evaluación como una herramienta clave para comprender mejor lo que enseñamos y aprendemos, estudiantes y docentes. Vivimos tiempos en que nos quieren convencer que la evaluación se ha transformado en la solución a todos los problemas de la educación y eso no solo es una trampa sino que elude algunos debates incómodos y necesarios.

La evaluación no puede entenderse solo como mecanismo de control, competencia y estandarización. No puede ser un modo de comparar para eliminar. La evaluación no puede restringirse a calificación y promoción, ambas cuestiones son fundamentales, pero   forman parte de la evaluación, no es que la definen.

Eso es parte de lo que omiten algunas concepciones y formas de entender que la evaluación tiene que servir, en el marco de la actividad escolar, para obtener información relevante sobre lo que hacemos, para mejorar y crecer. La evaluación nos permite ser mejores respecto a nosotros mismos, ya sea como estudiante que aprende, o como institución que enseña. No es en comparación y contra los demás, sino en comparación con lo propio y desde allí ir en búsqueda de la superación. Y también que no es algo solo individual, sino que requiere también ser colegiada, también es una construcción plural.

Y finalmente, es menester poner bajo análisis aquella asociación errónea, a mi entender, que tiende a relacionar el derecho a la educación con la perdida de exigencia. Lo que debemos poner a relacionar son derechos con obligaciones. Pero es relevante y fundamental garantizar lo primero, es decir, garantizar condiciones necesarias para dicho ejercicio y luego aprender que cualquier aprendizaje requiere esfuerzos e incomodidades en forma creciente. Y ello debe enseñarse, no juzgarse de antemano.  Por ello, es muy necesario poner en debate con quienes conducen las escuelas, la relación entre inclusión y calidad educativa. Disociar inclusión de calidad es una forma de naturalizar privilegios o diversas formas de selección, aunque algunos las hagan pasar como “selección natural”.

Por eso es muy necesario trabajar pluralmente, y no sin conflictos, por la transformación de la cultura del nivel secundario. No para confundir la exigencia académica como modo encubierto de restringir el derecho, lo cual aumenta muchas veces el privilegio, y tiende a asociar evaluación con punición. Sino para pensar a la exigencia en sintonía con una escuela y adultos disponibles para acompañar y hacer cada vez más significativas las trayectorias escolares de estudiantes. Enseñar no solo para los que me escuchan o yo enseñé, ellos no aprendieron. Tratar de quebrar la cultura de la hostilidad. Ver cómo hacemos para escucharnos mejor, para enseñar a los de adelante, pero también a los del fondo. Armarnos problemas para salir a resolver juntos. Nada está definido de antemano.

Exigencia en directa relación con la hospitalidad, hacia quienes se suben por primera vez en la historia a la secundaria, y también para los que ya se venían subiendo y lo que están por subirse.

1 – TERIGI, Flavia. Los cambios en el formato de la escuela secundaria argentina: por qué son necesarios, por qué son tan difíciles. Propuesta Educativa, núm. 29, junio, 2008 En https://www.redalyc.org/pdf/4030/403041701008.pdf

2 – CARBALLEDA, Alfredo. La irrupción de un sujeto inesperado en las instituciones. En https://vocesenelfenix.economicas.uba.ar/la-irrupcion-de-un-sujeto-inesperado-en-las-instituciones/

3 – Hay algo que se conoce como gramática escolar y que permite explicar que es la escuela y porqué funciona de una manera y no de otra. Quiero decir que esta forma de ser de la escuela tiene que ver con una particular división del tiempo, de distribución del espacio, de los alumnos en las aulas, del uso de los objetos, del valor de las calificaciones escolares, del fraccionamiento del conocimiento en varias materias, entre otras cosas. Es una manera de organizar la escuela que se ha ido sedimentando a lo largo de los años, y es percibida como la única posible. Esta gramática escolar nos ayuda a entender porque existe tanta resistencia a los cambios. La idea de gramática se toma prestada porque nos recuerda a la forma de organizar la comunicación verbal. Más precisamente lo que se quiere decir es que cuando hablamos no estamos atentos a la gramática del lenguaje, del mismo modo que no somos conscientes de la gramática escolar cuando actuamos en las escuelas. Es decir, esas reglas no necesitan ser demasiado conocidas para poder operar eficazmente. Allí reside su mayor fortaleza, y en especial si necesitamos comprender la manera en que la escuela tiende a conservar y a reproducir el estado actual de las cosas. No se trata entonces tanto de un conservadurismo consciente sino más bien de hábitos y prácticas institucionales que no se ponen bajo sospecha y una poderosa creencia cultural que la escuela debe ser así y no de otra manera.

4 – Cuando me refiero a un ámbito estratégico lo pienso como un espacio plural. Esto supone pensar la tarea de conducción en términos colectivos. Equipo de conducción. Aunque también a las mil y una maneras en que quien conduce se asocia a otros referentes de la institución, docentes, bibliotecarios, auxiliares, equipo de orientación, y demás actores. Tanto de la escuela, y muchas veces por fuera de sus limites también.

Exposición en apertura del ciclo de formación “Conversaciones pedagógicas entre directoras y directores” que inició la dirección general de escuelas de la provincia de Buenos Aires con la conducción del director de nivel secundario Gustavo Galli y su equipo. Tecnópolis 19 de Mayo de 2022.

* Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Licenciado en Educación (UBA). Profesor de Enseñanza Primaria (Normal Nº 4).  Docente en distintas universidades (UBA, UnaHur, UNRN) y en el Instituto Superior del Profesorado “Joaquín V. González. Trabaja en asesoría y formación de docentes y equipos directivos. Fue preceptor docente, directivo y asesor en escuelas primarias y secundarias, así como también consultor en el ministerio de educación nacional y ministerios provinciales de educación y otras asociaciones de la sociedad civil Coordinó al equipo que elaboró Diseño Curricular del nivel Secundario del Ministerio de educación de la provncia de Chubut . Fue subsecretario de Educación del Ministerio de Educación de la Nación (2013-2015). Integró el comité ejecutivo del Programa Nacional Conectar Igualdad. Es investigador y fue director del equipo de investigación sobre “La construcción de la comunidad en la escuela: la judicialización de las relaciones escolares en el nivel secundario” (UnaHur). Co-autor de varios libros  “Violencias en plural. Sociología de las violencias en la escuela” 2006. y “Violencia escolar bajo sospecha” “La escuela inquieta. Explorando nuevas versiones de la enseñanza y del aprendizaje” Noveduc, 2103. Autor de “Periodismo Pedagógico. De escuelas, violencias, medios y vínculos entre generaciones” Ed Mandioca. Bs.As. 2014. Compilador y co- autor con Marcela Martinez y Gustavo Galli de “Judicialización de las relaciones escolares. Conversaciones con Philippe Meirieu” Editorial Noveduc, Buenos Aires 2019.

Las opiniones expresadas en esta nota son responsabilidad exclusiva del autor y no representan necesariamente la posición de Broquel.

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